El lugar en donde viven las palabras

Escrito a propósito de la Feria del Libro de Manizales en su versión número 13, agosto del 2022

Después de dos versiones virtuales, la Feria del Libro de Manizales volvió a ser completamente presencial. Del 16 al 21 de agosto sus asistentes estuvieron buscando el lugar en donde viven las palabras. Descubrieron que ese lugar estuvo en los corredores del Centro Cultural Universitario Salmona; en sus rampas diagonales que invitaban a ser caminadas, en su Óculo como un gran ojo que mira y que se deja ver, en sus laberintos de escaleras en forma de caracol, en sus terrazas y espacios al aire libre para ver el cansancio del morro. Estuvo en el café, en la biblioteca, en el auditorio; en los murmullos, en las risas, en las músicas; llegó inclusive a otras sedes de la Universidad de Caldas.

El lugar en donde más vivieron las palabras fue en el Salmona. Por el contrario del panóptico en que desde una torre se vigila a los prisioneros, en este caso el Óculo, el ojo, el centro de la biblioteca, era observado desde todos los rincones circundantes, como una transparencia hacia adentro que reflejaba la transparencia hacia afuera.

Los asistentes fueron a encontrarles formas a las palabras entre círculos, líneas curvas, triángulos, rectángulos y figuras superpuestas. Sin importar que, como lo dijo Octavio Escobar, el director de la Feria del Libro, el Salmona sea un lugar que a veces “tiende a nevera”. En medio de los colores terracotas y grises de los ladrillos a la vista hubo formas de palabras del género. La Feria abrió con el conversatorio de Pilar Quintana, Mary Luz Montoya y Natalia Mejía, quienes hablaron del proyecto Biblioteca de Escritoras Colombianas, en especial de las obras de dos exponentes del Eje Cafetero: Maruja Vieria, con El nombre de antes, y Alba Lucía Ángel, con Dos veces Alicia. Estas autoras aún viven. El proyecto, del Ministerio de Cultura, pretendió recopilar las obras de 18 escritoras colombianas que habían sido omitidas, por poner un término generoso, de la tradición literaria.

Con ellas hubo lugar para reconocer la diversidad de la tradición literaria colombiana; reconocerla en las obras de estas mujeres. Una de las ideas de este conversatorio dio cuenta de lo que se sintió en los eventos de la Feria. No hay “temas de mujeres” –como decir que las mujeres escriben solo sobre el amor y el mundo rosado y emocional– sino escritoras que procuran crear mundos con palabras, cada una en su género, olvidando su persona o arraigándose a ella. Autoras desde Yolanda Regidor, Samaria Márquez Jaramillo y Paula Cuéllar, hasta Alejandra Lerma, Juliana Javierre, Carolina Ospina y Bibiana Bernal.

Según lo contó Octavio Escobar, fueron las protagonistas de los eventos con una participación del 75 %. Muchos temas también giraron en torno de esta pregunta por el género. Aspectos como los estereotipos de género de la mujer en la ciencia, el orgasmo femenino y la injusticia sexual, la divulgación de obras de autoras reconocidas y jóvenes, las lecturas del feminismo contemporáneo desde Woolf y su habitación propia y preocupaciones relacionadas con el feminismo trans en Manizales. Se le oyó decir a Adriana Villegas Botero, cuando conversaba con Octavio Escobar en la presentación de la más reciente novela del escritor, Cada oscura tumba, a modo de chiste serio: “Por eso es que salió tan bien”.

Las palabras a su vez tomaron las formas del periodismo y de la narración de la realidad. La Feria cerró con el conversatorio en que Adriana Villegas, entrevistada por Mauricio Hernán López, compartió algo de su experiencia al escribir el informe de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad en el Eje Cafetero, Colombia Adentro: Relatos territoriales sobre el Eje Cafetero. En la conversación Villegas señalaba que no hubiera habido informe de no haber sido por el periodismo, pues este resulta ser el primero en contar la historia. Además, se hablaba en el conversatorio del impacto profundo de las dinámicas del conflicto en las distintas subregiones caldenses, impacto en muchos sentidos impuesto por el negacionismo que ha habido en Caldas.

Igualmente, el editor de noticias de La Patria, Fernando Alonso Ramírez, presentó un libro en homenaje al periodista asesinado hace veinte años, Orlando Sierra Hernández, titulado Cogito, ergo ¡Pum! En la presentación, junto al periodista Camilo Vallejo, se habló del rigor ético de Sierra, de las consecuencias de su asesinato para el periodismo local y nacional, y del arma pacífica del periodismo, el humor. El periodismo, en su versión más rigurosa, ha sido trascendental para ejercer el contrapoder, y también ha permitido una mirada crítica de los territorios –en un país supremamente centralista–, como lo mostró la experiencia del cronista Juan Miguel Álvarez al narrar el conflicto armado colombiano más reciente. Álvarez estuvo en compañía del escritor Rigoberto Gil en un conversatorio llamado Respirando el país.  

Las palabras también tomaron forma de la vida heterónima de Pessoa con Jerónimo Pizarro. Contaron las obras de nuestros clásicos vivos Orlando Mejía Rivera, Antonio María Flórez, Octavio Escobar, Adalberto Agudelo, Uriel Giraldo, entre otros. Alonso Sánchez Baute las usó para decir cómo era La mirada de Humilda y para revivir Al diablo la maldita primavera. Yolanda Regidor construyó con ellas La última cabaña y Leonardo Archila reconstruyó con su influjo la vida antes de que esta tierra llevara el nombre conquistador de Colombia.

Todo ello sucedía mientras “la vida se hacía metáfora”, como diría Alejandra Lerma. Los libros se volvían el tiempo material. Los encuentros sin querer sucedían; los encuentros de los mundos diversos en edades, en pieles, en intereses. Cada minuto era una decisión: no había espacio para la virtualidad omnipotente. Cada minuto era perdido a la vez que ganado. A alguien se le oyó decir, tras un encuentro fortuito: “Aquí viendo el mundo discurrir”. El tiempo discurrió fugaz en las formas.

Fueron más de 130 eventos. Conciertos al final de la jornada, muestras y ofertas de 29 editoriales, universidades y librerías, conversatorios de toda clase de temas (medio ambiente, cómic, cine, arte, filosofía, ciencia y más), talleres de cómic y de cine, presentaciones de libros, franjas infantiles, recitales de poesía. Cada espacio era un lugar de enriquecimiento cultural. Era como vivir un largo seminario en que el corazón vibraba y la cabeza se ensanchaba. El aniversario de los 50 años de la Universidad de Manizales amplió el espectro hacia temas de índole científicos, culturales y académicos, a la par con las reflexiones metodológicas y las experiencias territoriales expuestas en los espacios de Colombia Científica. Las palabras tomaron forma para todos los gustos.

Cuando las bibliotecas públicas de varios barrios de Manizales permanecían cerradas según el reportaje de La Patria del domingo 21 de agosto, cuando en Manizales brillaba y brilla aún por su ausencia una política pública de cultura que integre y que recoja la diversidad cultural de la ciudad, cuando Caldas es más reconocido a nivel nacional por los casos de corrupción, cuando cada vez es más difícil mantener revistas y editoriales culturales, la Feria del Libro de Manizales se mantuvo y se mantiene como el lugar en donde viven las palabras de cultura y sus significados vivos. Una cultura que es más que las cabalgatas y los pasodobles de la Feria de Manizales. Una cultura que vive en las formas de las palabras y en las formas de los espacios; que se reconstruye en los encuentros, en la interpelación y en el debate. Que busca avivar los espíritus no en la modorra de las selfies y los legados sin sentido, sino en los temas que ponen en crisis lo establecido y que nos hacen cuestionar al mirarnos al espejo. 

28 de agosto del 2022

Publicado por julianbernalospina

Escritor. De formación politólogo con estudios de maestría en construcción de paz. Énfasis en escritura, literatura, periodismo e investigación cualitativa.

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